Unidad de Dolor Pélvico Crónico y Nervio Pudendo · Madrid
El dolor pélvico puede tener diferentes orígenes y, en algunos casos, estar relacionado con estructuras nerviosas como el nervio pudendo. Una valoración especializada permite estudiar qué está provocando los síntomas y definir los siguientes pasos.
Son síntomas de los que a menudo cuesta hablar. Si te reconoces en alguno, no significa que tengas un diagnóstico concreto: indica que conviene estudiar el origen.
Diferentes músculos, nervios y estructuras de la pelvis pueden producir síntomas parecidos. Por eso es importante localizar el origen antes de decidir un tratamiento.
Puede estar relacionado con determinados cuadros de dolor perineal o genital y con molestias que aumentan al sentarse.
El dolor localizado en esta zona puede producir molestias importantes al sentarse o cambiar de posición.
Diferentes estructuras nerviosas pueden producir dolor neuropático o alteraciones sensitivas.
En algunos pacientes el dolor puede aparecer después de procedimientos quirúrgicos, lesiones o traumatismos.
En determinados casos pueden intervenir varias estructuras y ser necesaria una valoración más amplia.
El diagnóstico del dolor pélvico requiere analizar los síntomas, realizar una exploración clínica y considerar las posibles estructuras implicadas.
Analizar cuándo aparece el dolor, dónde se localiza, qué lo empeora y cómo afecta a la vida diaria.
Valoración clínica dirigida a identificar las estructuras que podrían estar relacionadas con los síntomas.
Cuando está indicado, valorar si existe participación de determinados nervios, incluido el nervio pudendo.
Definir las opciones diagnósticas o terapéuticas según los hallazgos encontrados.
El nervio pudendo es un nervio que recorre la pelvis y aporta sensibilidad a zonas como el periné y los genitales.
En su recorrido pasa por distintos puntos anatómicos, entre ellos el conocido como Canal de Alcock. Cuando el nervio está irritado, comprimido o dañado, puede relacionarse con determinados cuadros de dolor pélvico, perineal o genital, incluidas las molestias que aumentan al sentarse.
Tener dolor al sentarse no significa automáticamente tener una neuropatía del pudendo.
Es necesario valorar el conjunto de síntomas y descartar otros posibles orígenes.
No existe un único tratamiento para todos los pacientes con dolor pélvico. Según el diagnóstico y las características del caso, pueden valorarse distintas estrategias cuando exista indicación médica.
No todas estas opciones se aplican siempre: dependen del diagnóstico y de cada paciente. No pueden prometerse la curación ni la desaparición definitiva del dolor.
La ecografía puede ayudar a dirigir determinados procedimientos, cuando está indicado.
Pueden ayudar a valorar el origen del dolor o a tratarlo, según el caso.
Se valoran únicamente cuando existe indicación médica.
Cuando el estudio indica que un nervio determinado puede estar implicado.
Cuando el caso lo requiere.
Síntomas similares pueden aparecer por diferentes causas. Por eso, el objetivo de la consulta no es partir de un tratamiento predeterminado, sino estudiar qué estructuras pueden estar generando el dolor.
Anestesia, Tratamiento del Dolor y Neurofisiología
Su enfoque se centra en estudiar cuadros de dolor complejos, identificar las estructuras que pueden estar implicadas y establecer un abordaje individualizado para cada paciente.
En una problemática tan sensible, la valoración se plantea con discreción, explicando cada paso y decidiendo con el paciente qué estudio o tratamiento puede tener sentido.
Al sentarnos, parte del peso del cuerpo se apoya en la zona pélvica, y estructuras como los músculos, los nervios o el coxis pueden ser sensibles a esa presión.
El origen puede ser muy diferente de una persona a otra: el nervio pudendo, el coxis, la tensión muscular u otras causas. No es posible saberlo sin una valoración médica.
Cuando este nervio está afectado, puede relacionarse con dolor, ardor, hormigueo o cambios de sensibilidad en el periné o la zona genital y, en algunos casos, con molestias que aumentan al sentarse.
Estos mismos síntomas pueden tener otros orígenes, por lo que no permiten por sí solos llegar a un diagnóstico.
Se parte de la historia clínica y de los síntomas, seguida de una exploración especializada. Cuando está indicado, se valora también el componente nervioso y otras pruebas complementarias.
Ninguna prueba aislada suele bastar: lo importante es valorar el conjunto de los hallazgos.
No. El dolor en el periné puede deberse a causas musculares, a otros nervios, a estructuras próximas o a antecedentes como una cirugía o un traumatismo, entre otras posibilidades.
Por eso el primer paso es estudiar el origen, sin asumir un diagnóstico de partida.
En algunos pacientes, el dolor puede aparecer tras procedimientos quirúrgicos, lesiones o traumatismos. No ocurre siempre ni tiene por qué tener la misma causa.
Si notas un dolor nuevo o persistente tras una intervención, conviene comentarlo con un especialista para valorar su origen.
Existen distintas estrategias que pueden valorarse según el diagnóstico y las características del caso, como procedimientos ecoguiados, bloqueos, técnicas de neuromodulación u otros abordajes, o el trabajo conjunto con otros especialistas.
No todas se aplican a todos los pacientes y no es posible garantizar la curación ni la desaparición definitiva del dolor.
Conviene consultar si el dolor se mantiene durante semanas, si limita actividades como sentarte, trabajar o dormir, si apareció tras una cirugía o un traumatismo, o si se acompaña de cambios en la sensibilidad.
Si los síntomas son intensos o de aparición brusca, no esperes a una consulta programada y acude a un servicio de urgencias.
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